Por mucho que queramos, no es posible tener un Vigilante en cada punto de un Hospital o centro sanitario para vigilar y controlar los actos incívicos que se producen. Hasta un tiempo reciente, ni tan siquiera los ayuntamientos con sus policías locales disponían de medios para atajar esta problemática que se produce desgraciadamente con demasiada frecuencia, debiendo en muchos casos desplegar agentes en esos lugares, descuidando otros, asumir el gasto de reposición o, en el peor de los casos, dejarlo abandonado. Hoy día la videovigilancia esta suponiendo un gran aliado para los FFCCSSEE y Seguridad Privada tanto para la prevención como para la resolución de hechos constituyentes de delitos.
La videovigilancia se está consolidando como uno de los pilares básicos de los planes de seguridad en los diferentes mercados verticales. Especial relevancia está cobrando en el ámbito de la seguridad en hospitales y demás centros sanitarios. La necesidad de contar con ojos que garanticen tanto la seguridad de pacientes y profesionales sanitarios como de las instalaciones y equipos implica que el sector esté apostando cada vez más por reforzar sus sistemas de CCTV, a este refuerzo se le une además otros sistemas de seguridad, como el de control de accesos en vestuarios (centrales y de quirófanos), en almacenes de quirófanos, laboratorios, edificios de docencia e investigación, etc., “normalmente sin actividad por las noches y fines de semana
Cada vez son más los municipios y en general cualquier administración tanto pública como privada los que optan por realizar una inversión en la instalación de cámaras de seguridad en lugares públicos. Lo hacen con el objeto de poder vigilar y controlar desde los COS. (centros operativos de seguridad) el tráfico en las vías principales de las urbes, como también aquellas zonas como parques, instalaciones, monumentos, edificios públicos, mobiliarios urbano, que en demasiadas ocasiones son objeto del vandalismo callejero el cual produce un deslucimiento de la ciudad además de un sobrecoste económico al tener que reparar o sustituir los desperfectos causados.
Pero no solo el trafico y el vandalismo son las causas principales que llevan a las administraciones tanto públicas como privadas a la instalación de estos sistemas, sino también la prevención de actos delictivos y, en su caso, la utilización para la resolución de los que se cometan, ya que la precisión y calidad de las imágenes que facilitan los actuales sistemas de videovigilancia son cada vez de más calidad, lo que permite una identificación precisa de todo lo captado a fin de contribuir a asegurar la convivencia ciudadana, la erradicación de la violencia y la utilización pacífica de las vías y espacios ya sean públicos o privados, así como de prevenir la comisión de delitos.
Asimismo, no debemos olvidar el régimen de garantías de los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos que habrá de respetarse ineludiblemente en las sucesivas fases de autorización, grabación y uso de las imágenes y sonidos obtenidos conjuntamente por las videocámaras.
El uso de las cámaras de seguridad por parte de profesionales de seguridad tampoco supone un cheque en blanco para poder hacer una utilización al libre albedrío de todo aquello que se capte a través de este sistema, por ello deben de respetar los siguientes principios:
La utilización de videocámaras estará presidida por el principio de proporcionalidad, en su doble versión de idoneidad y de intervención mínima.
La idoneidad determina que sólo podrá emplearse la videocámara cuando resulte adecuado, en una situación concreta, para el mantenimiento de la seguridad ciudadana.
La intervención mínima exige la ponderación, en cada caso, entre la finalidad pretendida y la posible afectación por la utilización de la videocámara al derecho al honor, a la propia imagen y a la intimidad de las personas.
La utilización de videocámaras exigirá la existencia de un razonable riesgo para la seguridad ciudadana, en el caso de las fijas, o de un peligro concreto, en el caso de las móviles.
No se podrán utilizar videocámaras para tomar imágenes ni sonidos del interior de las viviendas, ni de sus vestíbulos, salvo consentimiento del titular o autorización judicial, ni de los lugares incluidos en el artículo lo 1 de la ley cuando se afecte de forma directa y grave a la intimidad de las personas, así como tampoco para grabar conversaciones de naturaleza estrictamente privada.
Las imágenes y sonidos obtenidos accidentalmente en estos casos deberán ser destruidas inmediatamente, por quien tenga la responsabilidad de su custodia.
Hoy día no es posible concebir un plan de seguridad en donde no se contemple la instalación de sistemas de videovigilancia en los puntos críticos, refiriéndonos como críticos a aquellos donde la seguridad ciudadana en general pueda verse más comprometida, suponiendo así una mejor utilización de los recursos humanos y una mayor eficacia .
Para finalizar esta breve pincelada del complejo sistema de protección y seguridad en la vigilancia concreta de un centro hospitalario, se ha de tener en cuenta principalmente la variedad de gente que compone el ambiente típico del hospital – pacientes, personal, vendedores, médicos, visitantes e incluso sus enemigos. La tipología del lugar queda definida por muchos cuartos, habitaciones, salas, espacios, equipos de alto valor, accesibilidad a las drogas, muchas entradas y salidas. Y siempre valorando todos los aspectos que faciliten el movimiento en el edificio y alrededores.
La seguridad es esencial en este tipo de entornos. Los encargados del hospital basan sus decisiones en la protección y reputación de su entidad.
Las principales amenazas en un ambiente hospitalario son el hurto por parte de empleados o del visitante, vandalismo de personal ajeno al hospital y amenazas contra pacientes o el personal interno.
Existen nuevas herramientas que permiten la localización del paciente (Control de Errantes), búsqueda en sistemas de grabación vídeo y vídeo digital, sistemas de retraso de salida, sistemas de control activos y alarmas sobre Smart Phones y buscapersonas.

