sábado, 29 de abril de 2017

De la mala educación social, a la delincuencia.


Para asumir el enunciado que  muchos sociólogos y antropólogos como Cloward o Ohlin lo han elevado casi a la categoría de “máxima” para entender la desviación social y criminólogica es necesario en mi modesta opinión como  individuo dentro de una sociedad “civilizada”, analizarla interrelacionando los conceptos de delincuencia y socialización.

Trataré de exponer en este post un breve esbozo los diversos factores que generan la criminalidad y la delincuencia llegando al menos a la conclusión personal que si bien está fuertemente vinculada la delincuencia a la falta de  socialización correspondiente a una  posición social baja, no debemos considerarlo válido como “precepto” para la justificación de la delincuencia desde el punto de vista sociológico y como parte de integrante de una sociedad “sana”.

Creo necesario establecer un marco conceptual que arroje luz para poder defender lo expuesto en el párrafo anterior además de realizar una evaluación con cierto grado de rigor científico.
Hay muchas teorías acerca de la delincuencia, que al igual  que la desviación, ha de ser entendida desde la misma perspectiva de base sociológica puesto que los actos que realiza una persona tienen siempre una repercusión en la sociedad general, por eso individuo y sociedad forman una unidad común del sistema de convivencia social.

Las distintas teorías de base biológica y social enmarcan las características comunes de cualquier sociedad para dar explicación a la delincuencia y desviación.

Las biológicas sostienen que los factores están siempre en el individuo, sobre el cual se desarrolla social y ambientalmente y las teorías sociológicas otorgan mayor importancia a factores externos y sociales como son entre otros los factores políticos, económicos, culturales, etc.

Por lo tanto no podemos centrarnos exclusivamente en una de las dos teorías para abarcar el proceso explicativo de la delincuencia y criminalidad sino que se deben interrelacionar los diferentes aspectos biológicos y sociales.
El origen de la conducta criminal es variable, y por consiguiente a mi modo de entender variables son las causas de la delincuencia, de ahí que su estudio explicativo se lleve a cabo desde diferentes posiciones como la genética, la endocrina, la antropométrica, la psicológica, etc. Los factores de personalidad y aprendizaje constituyen puntos de vista psicológicos necesarios para conocer la conducta delictiva. De igual forma ciertas funciones psíquicas explican comportamientos antisociales y delictivos.

En el contexto social del individuo y potencial delincuente nos encontramos con el control social, que plantea que si la persona y su libre albedrío pueden infringir las normas socialmente establecidas y además es la propia sociedad la que le ofrece oportunidades para ello; solamente el miedo al castigo y una reacción negativa de su entorno social, será lo que le impulse a cumplir las normas. No menos importante es considerar que cuando el individuo  carece de arraigo social, carece también del indispensable control disuasorio y es aquí donde el proceso de delinquir es tomado y considerado como algo natural de subsistencia y dominio.

Otra teoría asociada a los aspectos sociales vinculantes a la delincuencia es la anomia en la que el individuo, como de forma anárquica se despoja de cualquier norma de comportamiento cívico y social porque se siente que no encajan en la propia estructura social y cultural, situándose fuera del sistema e incluso llegando a generar uno distinto.


Frente a aquellos que de forma tajante afirman que la delincuencia es causa directa de la falta de socialización y esta falta de socialización es consecuencia de pobreza, marginación, surge como otro factor social determinante de la delincuencia los llamados delitos de cuello blanco, cometidos por personas respetables, de alto estatus y posición social, y precisamente son estos dos factores posicionales de alta socialización lo que les proporciona cierta impunidad para delinquir. Es en nuestra sociedad occidental y de primer mundo donde llegamos a condescender este tipo de delitos y donde la conciencia social queda anulada puesto que llegamos a confundir o asociar corrupción con impunidad, entendida esta como un nivel superior de categoría social y clase alta.

La delincuencia depende también del grado de la correcta estructuración de factores como son la familia, la religión, instituciones sociales, etc. las cuales en muchas ocasiones al no haber cumplido los patrones sociabilizadores correspondientes, sirven de justificación para la respuesta social del individuo ante las desigualdades sociales, discriminación, etc., siendo esta respuesta ejercida en la delincuencia. Reincido en este punto lo expuesto anteriormente y especialmente después de analizar los delitos de cuello blanco, que no se puede vincular de forma generalizada, la delincuencia y la criminalidad, a la pobreza y baja posición social aunque está fuertemente vinculada a las clases bajas de la sociedad. La desigualdad y la falta de integración son también factores vinculantes al individuo delincuente, estos dos factores son sólo algunos de los que originan las llamadas subculturas criminales1. Aun con todo lo que la marginalidad de la clase baja conlleva, el joven perteneciente a este nivel no tiene porqué estar en directa oposición con la cultura de las clases medias y en la gran mayoría de las ocasiones no son necesarios cambios en las actitudes de comportamiento de estos jóvenes sino la creación de oportunidades de desarrollo por parte del poder púbico. (sociólogo4, 2013).

1 R. Coward y L. Ohlin en su obra Delincuency and Opportunity: A Theory of delincuent Gangs argumentan que en toda sociedad coexisten subculturas independientes y definen la subcultura criminal  como aquella en la cual resultan indispensables para el desempeño de sus roles dominantes (status maestro)





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