sábado, 1 de abril de 2017

La tan denostada Seguridad Privada imprescindible en la Seguridad Nacional



Resulta paradójico que la tan denostada Seguridad Privada en nuestro País forme parte indivisible de la Estrategia de Seguridad Nacional ante los actores que en los últimos años forman parte del escenario social.

Actualmente como profesional de la Seguridad Privada  y Director de Seguridad, (sin ejercer pero sin desfallecer en el intento) no podría hacer entender el funcionamiento de la SP sin la figura del DS, que actualmente ha evolucionado en comparación a las posiciones inmovilistas de años atrás, las cuales básicamente le situaban como el brazo ejecutor de la responsablilidad de la empresa contra una serie de amenazas marginales y delimitadas, pasando a convertirse en el gestor de la seguridad integral y de la protección de la misma ante cualquier riesgo, sea de la naturaleza que sea.
La aparición de los nuevos actores delincuenciales que adquieren gran repercusión e impacto social y mediático así como el incremento de los riesgos y amenazas en el ciberespacio, está provocando un cambio de actitud y sentimiento social sobre la seguridad colectiva, demandando a los responsables de la  seguridad pública que intensifiquen los esfuerzos.
Es por tanto deber de la Seguridad Privada adaptarse y mentalizarse para estar a la altura de esta problemática de seguridad que la sociedad demanda y seguir los mismos pasos que la Seguridad pública está acomentiendo, esto es.

  • Servirse de los avances tecnológicos para detectar e incorporar nuevas técnicas y sistemas.
  • Fomentar una cualificación profesional entre el personal  de  seguridad que tienen al cargo.
Es entonces cuando el DS forma la pieza clave debiendo pantearse dirigir su actividad al logro de los objetivos y demandas de la sociedad, asumiendo conscientemente la necesidad de enfrentarse a los nuevos retos que se le presentan y que le obligan a alcanzar mayores niveles de profesionalidad y de responsabilidad.  

Incorporar la Seguridad privada al núcleo del desarrollo empresarial como parte de sus procesos ..., llevando para ello una planificación real y efectiva de su seguridad, que debe partir siempre de la responsabilidad del profesional de la Dirección de seguridad que realice el análisis y el estudio de riesgos y amenazas para poder filtrar en términos evaluables su nivel de vulnerabilidad y exposición a las amenazas específicas a que se enfrentan, y actuar en base a ese filtro detectado.
El DS debe estar a la altura de lo que se espera e él, en el ejercicio de responsabilidad y profesionalidad, contando con una preparación marcada por el objetivo inequívoco de responder a los requerimientos que en este caso concreto las empresas demandan.

No constituye un reto retórico sino un reto real ya que la evolución tecnológica ha provocado un cambio radical en nuestro sistema favoreciendo la aparición de nuevos riesgos e incentivando la creación de nuevas tecnologías, que indebidamente empleadas pueden también constituirse en un importante riesgo para el que debemos estar preparados, para ello se hace necesario controlar en la medida  de lo posible la evolución de los avances tecnológicos, es decir, estar al día del desarrollo y evolución que presentan los avances tecnológicos, para lo cual es evidente que la formación que se ha de requerir para un Director de Seguridad a la luz de la Orden ministerial 318/2011 ha quedado ampliamente superada por los avances obtenidos en el campo de la innovación y la creación, de ahí que sea necesario que el nuevo reglamento de SP vea la luz cuanto antes y se publique finalmente; necesitamos de ese reglamento porque entre otras razones aborda muy amplia y meticulosamente la materia formativa del personal de seguridad Privada.
Si el DS quiere realmente aspirar a situarse en el puesto relevante que le otorga la Ley 5/14 de SP debe estar permanentemente preocupado por estar actualizado en conocimientos, prácticas, técnicas de seguridad, etc., para estar a la altura de lo que se espera de él.

 Por otro lado las disposiciones legales que últimamente se están aprobando van en la línea de establecer una figura concreta en los organigramas de las empresas que asuman las funciones de su seguridad y a las que sean atribuidas todas las funciones que estén directamente relacionadas con la misma. De esta forma si a lo ya dispuesto en la Ley de SP unimos por ejemplo lo reflejado en la ley de infraestructuras críticas, comprobaremos que el legislador  busca centrar la seguridad en una persona concreta que debe ser contratado por la empresa u organismo y que debe ser investido por la fuerza necesaria para llevar acabo la protección de la misma, integrándolo en ella y atribuyéndole en exclusiva esa serie de funciones entre las que en mi opinión se debe incluir la Seguridad informática porque se  trata de seguridad y  porque la persona más capacitada para asumir esa tarea es el Director de Seguridad con su equipo específico que conforma el departamento de Seguridad. Está claro que la seguridad informática y electrónica debe constituirse en un objetivo y para ello nada mejor que la formación, preparación y la incorporación de medidas y sistemas que se consideren imprescindibles para llevar a cabo una adecuada protección.

Constituirse en un baluarte defensivo contra los nuevos tipos de amenazas que como anteriormente he comentado. Nuestra sociedad está expuesta a una serie de riesgos que se vienen sucediendo y radicalizando, concretándose en acciones dirigidas a erosionar el orden social y dañar los cimientos democráticos en los que se fundamenta la convivencia. De ahí nuevamente insistir en que el Director de seguridad debe estar formado y preparado específicamente para el desarrollo de su labor profesional y que si su función y atribuciones han experimentado avances tangibles, su capacitación debe ir en consonancia con el enfrentamiento a ese riesgo.
Los riesgos que han estado predominado como objetivos fundamentales en la protección y seguridad venían siendo los específicos de incendios y actos vandálicos, sin embargo hoy en día se ha situado como riesgo más demandado la ciberamenza y sus efectos devastadores de una acción terrorista. El concepto de ciberseguridad debe entrar de lleno en los estudios de seguridad y debería constituirse como una materia específica de planificación empresarial, organizativa, etc., como parte intergradora de cualquier evaluación y análisis de riesgos.

Concienciación de llevar a cabo inversión en seguridad. EL DS debe concienciar al empresario usuario de seguridad que  ese gasto, es una inversión que reportará beneficios no solo económicos sino de productividad e imagen, por lo tanto el DS debe estar preparado y formado para contrarrestar la percepción negativa de invertir en seguridad.

Reconocimiento social. Ya no sirve la formación genérica para el vigilante de seguridad. Los nuevos riesgos y amenazas obligan a dotar de mayor preparación al personal y exigir una formación específica que complemente a la general que se adquiere al obtener la titulación. Una vez más hago hincapié en que el nuevo reglamento aparezca cuanto antes aportando lo que se espera de el.
El personal de seguridad no está socialmente reconocido  y se le atribuye apenas un papel muy secundario y alejado de la verdadera función que desarrolla. Cimentar la consolidación de un reconocimiento social para el sector, basado tanto en la demostración diaria de su eficacia como en la capacitación para contribuir con sus medios y atribuciones a la Seguridad pública.

Interlocución efectiva con la Administración. El nuevo esquema de la seguridad que se ha desarrollado para los años venideros viene condicionado por la necesidad de establecer y fortalecer los cauces necesarios para llevar a cabo una cooperación efectiva entre el sector público y el privado en lo que a seguridad se refiere. EL DS. debe ser la pieza clave de esa actividad, convirtiéndose en el mecanismo  eficiente y cualificado entre los dos sectores que integran el concepto de seguridad, ofreciendo imagen de seguridad y confianza en su función como para que los FFCCSS. puedan disponer de él, servirse de él, requerirle y apoyarse para alcanzar los mayores logros y cotas de seguridad estatal. Misión también de la Administración y de los  responsables y Jefes de la seguridad pública que deben estar informados de la existencia de esta figura corporativa creada para gestionar no solo la seguridad de su empresa u organismo si no también para convertirse en el referente en el que se deben apoyar como interlocutor válido de la seguridad privada.


La SP está ante una oportunidad única para reivindicar nuestra función como personal de seguridad, pero ese reconocimiento no vendrá solo sino que precisa de nuestro aporte mediante el incremento de formación y especialización para que pueda ser realmente asumido por  la sociedad a la cual nos debemos. Esa oportunidad debe ir también acompañada del trabajo que debe desarrollar la Administración (estatal, autonómica y local) para fomentar el uso de esta figura laboral de una alta cualificación y de gran importancia dentro del organigrama funcional y operativo de cualquier Empres u Organismo.

















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