En el siglo XIX, el pensamiento científico y filosófico se
inclinó por una corriente conocida como positivismo. Según el positivismo, el
conocimiento debería ser fiable verificando por medio de la experiencia cada
uno de los postulados. El auge de la frenología en los círculos de pensamiento
intelectual de Europa tuvo tanta importancia, que incluso personajes de la
talla del filósofo W.F. Hegel trató el tema en sus obras.
La Frenología es una pseudociencia que gozó de gran
popularidad desde su creación a principios del Siglo XIX hasta mediados del XX.
Pretendía reconocer las facultades mentales del hombre
según los relieves y formas del cráneo para lo que utilizaba una especie de
mapa o plano esquemático de la cabeza. Tiene su base en que “el cerebro es el órgano de la mente”,
con poderes que pueden ser analizados dentro de cierto número de facultades o
sentimientos independientes, estas facultades según los frenólogos eran innatas
y correspondían con la orografía de la cabeza; del tamaño de estos órganos dependía
el desarrollo o atrofia de los sentimientos.
Origen
de la frenología.
El creador impulsor de la frenología fue el vienés Franz J
Gall; (1758-1828) a través de conocimientos empíricos y la detección de estos
órganos de manera un tanto arbitraria, afirma que la mente es en sí misma un
mecanismo. Propuso que las facultades mentales y la inteligencia tenían su sede en el cortex, en
la materia gris y constaba de 26 zonas (percepción del tiempo, el tono de voz,
agudeza, agresividad, autoestima, instintos sexuales e incluso instintos
matrimoniales …), mediante un entrenamiento cognitivo permanente y feroz de
alguna de estas zonas se fortalecía ciertas partes del cortex cerebral, por lo
que se distribuían las facultades mentales por todo el cerebro craneal.
Otros
“descubridores la mente”.
En España hubo un cierto desarrollo de la frenología a
través de la obra y escritos de Mariano Cubí (1801-1875); afirmaba igualmente
que las funciones psíquicas dependían de zonas determinadas del cerebro,
posiciones localizadas en parcelas.
Años más tarde P. Broca (1824-1884) y C. Wernicke
(1848-1905) mostraron casos clínicos y autopsias en las que unas áreas del
cerebro parecían estar específicamente ligadas a ciertas funciones
lingüísticas. El estudio del cerebro progresó enormemente a finales del XIX y a
comienzos del XX la cartografía cerebral del Brodman, conseguida con técnicas
posteriores, sigue la misma orientación localicista y específica hasta 52 áreas
cerebrales distintas.
Declive
de la frenología y reevaluación científica.
En el lado opuesto y bajo la influencia holística y
dinámica de autores como P. Flowers (1794-1867) aparecen las teorías de J. H.
Jackson (1835-1911); H. S. Lashley (1890-1958) y Goldstein (18781965) que
consideran una aberración la concepción fragmentaria y parcelada del cerebro, y
defienden la tesis de que funciona como un “todo” que interviene en cada una de
las actividades que lleva a cabo.
Alexander Luria (1902-1977) representa el esfuerzo por
lograr la unión de estas dos concepciones antagónicas, cree por un lado en la
localización de unos tejidos especializados, pero también en la globalidad del
sistema cerebral en su función dinámica.
Cuanto más simple es una función, más fácil es su
localización, por el contrario, las funciones complejas necesitan de un sistema
donde se integren global y dinámicamente distintas funciones simples.
Los preceptos frenológicos, antes que basarse en evidencias
fisiológicas del funcionamiento del cerebro, asumían conceptos erróneos que
distaban de ser considerados científicos. Como ejemplo de esto, al examinar a
criminales y asesinos, se llegó a afirmar que existía un órgano del crimen en
el cerebro de los reos, lo que justificaría luego la tesis del criminólogo
Cesare Lombroso.
El avance de la ciencia médica y fisiología cerebral en el
siglo XX, comenzó a reevaluar, haciendo perder el prestigio del que gozaba la
frenología. Las teorías psicoanalíticas de pensadores como Freud y Lacan, así
como las técnicas de estudio basadas en los avances de la tecnología, hicieron
ver esta disciplina como un resquicio medieval de la ciencia moderna. Con el avance de la modernidad, las conductas y rasgos de carácter de los individuos fueron dejados en manos de especialistas como los criminólogos y médicos forenses, quienes a diferencia de los discípulos de Gall, acuden a estrictos portocólos científicos para determinar las causas del comportamiento de individuos psicópatas, personas antisolciales o con otro tipo de conducta perniciosa. Así, la frenología quedó para la historia de la ciencia médica como una antigualla medieval, que prejuzgaba sin fundamentar científicamente.



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