Las cifras del Instituto
Nacional de Estadística nunca no son totalmente fidedignas porque no recogen
el total de las muertes por suicidios, debido a que las muertes que pericial y judicialmente no se pueden catalogar
como suicidios se las certifica como accidentes.
El suicidio constituye en
nuestro país la primera causa de muerte violenta y sin embargo se cierne todo
un silencio en torno a este drama, en torno a quienes lo intentan; entre los
familiares, los cuales lo esconden porque el suicidio esta estigmatizado en la
sociedad y por consiguiente se ha creado un tema tabú. Pese a las más de las 3.500
muertes anuales según las estadísticas, el
suicidio se silencia también en las instituciones las cuales apenas hacen
campaña de prevención y silentes también los medios de comunicación que apenas
lo mencionan por evitar la incitación por efecto imitación.
La necesidad de plantear
un debate público similar al que se hizo en su día con los accidentes de
tráfico o la violencia de género aflora
como elemento de concienciación de que solamente tratando el problema se evita
el problema, solamente tratando el suicidio se evita el suicidio.
Carmen Tejedor,
Psiquiatra del Hospital de la Santa Creu y Sant Pau de Barcelona que lleva más
de 30 años investigando y trabajando para combatir el suicidio afirma que el
suicidio es inversamente proporcional a la felicidad que experimenta una persona.
Surge el dilema o el interrogante de si el suicidio es un acto de liberación o
de desesperación de la persona que sufre de ideas suicidas, lo que sí está
claro que se va madurando lentamente.
Más que hipótesis, yo
hablaría de causas que provocan la maduración lenta de la tendencia suicida,
las cuales la mayoría de ellas son comunes en Occidente pero en España según
diferentes estudios son determinantes:
- Ø Maltrato de la sociedad hacia el individuo por el que no se ve aceptado en ella.
- Ø Anticipo de desgracias que no se ve capaz de afrontar.
- Ø Acceso a armas de fuego.
- Ø Antecedentes de abandono o maltrato.
- Ø Poner fin a un sufrimiento.
Aún con estas causas se
considera que un 90% de los suicidios están vinculados a enfermedades mentales
y el otro 10% son casos impredecibles.
El alcohol, las drogas y
alteraciones afectivas y de desestructuración familiar se consideran como factores
de riesgos que alientan este tipo de tendencias o desequilibrios
neurológicos que impulsan a quitarse la vida.
Conocer la realidad del
suicidio desprendiéndose de falsos conceptos moralistas y condenatorios del
suicidio y que el que lo sufra y lo piense lo exteriorice y a su vez el que lo
escuche no niegue el problema; sería de
este modo más fácil abordarlo desde un punto de vista clínico.
Otra cuestión aparte que
sin tratar de desviarme del tema, merece cuanto menos reseñarlo, son esas
tendencias provocadas de ciertos
sectores, para confundir a la sociedad, tratando el suicidio como una herramienta asistida para
poner fin al sufrimiento físico o psíquico de una persona. Hace pocos días leí
y tuiteé una crónica de el periódico El Mundo de “La veinteañera que pidió quela mataran y la mataron”, holandesa, la cual sufría de depresión crónica dese que fue víctima de abusos
sexuales, me llamó mucho la atención porque según iba leyendo llegaba a la
misma conclusión que Roberto Augusto, doctor en Filosofía por la Universidad de
Barcelona, “quien es capaz de suicidarse no necesita la inyección letal de
ningún médico”; con esto quiero reflejar que no se puede solucionar el suicidio
conduciendo al paciente a la muerte a modo de “suicidio dulce o muerte dulce”,
la terapia de solución debe lograr o al menos conducir a la estabilidad mental
del enfermo.
Como factores
sociodemográficos se sabe que las mujeres presentan tasas superiores de
intentos suicidas en un porcentaje aproximado de 3 a 1, mientras que los
hombres son quienes presentan tasas superiores de suicidios consumados. Los
hombres emplean métodos más contundentes tales como armas de fuego,
ahorcamiento, envenenamiento por gas, etc., mientras que las mujeres suelen
emplear métodos como la ingesta de fármacos, incisiones con elementos
punzantes, etc. (Nizama Valladolid, 2011) .
![]() |
Se puede hablar también de factores neurológicos y genéticos como factores que predisponen a conductas suicidas. Poseer antecedentes familiares de suicidio incrementa el riesgo de conductas suicidas en los pacientes. Se ha relacionado las conductas suicidas con una disfunción del sistema serotoninérgico central que es independiente del diagnóstico psiquiátrico.
Se han encontrado niveles bajo de serotonina y de sus metabolitos en el líquido cefalorraquídeo de pacientes suicidados. Además, se ha establecido una relación directa entre los bajos niveles de serotonina con el escaso control de impulsos, la violencia y letalidad del acto suicida. En la conducta suicida también intervienen factores neurogenéticos. Estudios en gemelos y sus familias, sugieren que tanto el suicidio y el intento suicida tienen componente hereditario. Los factores genéticos del suicidio parecen ser independientes de los desórdenes psiquiátricos subyacientes.
En el célebre programa
REDES, Eduardo Punset analiza por qué el suicidio provoca mucho más rechazo que
cualquier otra tragedia. En la mayoría de los casos, el suicida se siente
rechazado pero con su acción también genera que todos los familiares y
conocidos que le sobreviven sientan también esa sensación de rechazo. O sea,
que continúa siendo, como expuse al inicio, un acto muy estigmatizado por la
mayoría de las sociedades y civilizaciones. Según los expertos no es
tan sólo una cuestión de problemas psicológicos o personales, sino todo lo
contrario. Cuando estas muertes suceden hay que preguntarse qué está sucediendo
en esos momentos en la sociedad.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar en esta página.